Kepa Uriberri
La revolución en Samarkanda


El conspirador


Acusación al supremo tribunal de los honores y prestigios en oficina seiscientos dos como sigue, en Carabela Insignia Santa Adelaida, sita en l'Havre Saint Pierre; se dice conspiración dos puntos:

Cargo según se indica; conspiración para robar y hacer usufructo indigno de material de cultura general de discoteca y biblioteca de la carabela de la revolución con mala intención y cuesco. Todo en contra y quedando clara mala intención según precepto Libro Sincero capítulo cuarto versículo setenta y tres a noventa y siete punto.

Acusado malévolo y alevoso cófrade siete cuatro siete diez raya tres Satam Lúar, a cargo de dicho material discos compactos y libros amarillentos, pero literatura, en fin y más como debe ser. Máxima insidia resta transmisión y confiesa. "Existe libros" perjura. No había libros sino robados, o echados por la borda. Se asignó castigo severo.

Órdenes del mando visto necesaria transmisión sin material. Radioperador subrogante asume en plenipotencia. Se asigna a nuevo cófrade, no sin recelo de Odalisca con voto de minoría y luego de castigo por insidia, como ayudante del titular en radiotransmisión uno uno tres mil seis guión cuatro Turpin McAuliffe sin locución en gaélico para perillas y más.

Despacho de corresponsal Romuald Galleguillos en Havre Saint Pierre Prensa Libre de Prejuicios muelle veinticinco.

La tripulación de la Santa Adelaida es agasajada a la cantine chez San Leugim vers la Rue de la Marine. Participan el Alcalde, y el mismo, pero de mar, otras autoridades y gente de bien que ne parle pas autre que française, por lo que el Almirante de la revolución de Samarkanda y sus veintisiete cófrades han recurrido al hombre que habla gaélico como intérprete. Sólo se halla ausente el cófrade Satam Lúar, confinado a la cala de la Santa Adelaida, debido a sus falsas confesiones.

Todos se reunen en la mesa del rincón de la bohemia, salvo la odalisca que por su situación, está sentada con la mujer del alcalde de mar en una mesa adjunta, pero atada al cuello del Almirante Dumango por una cadenita de oro muy labrada. Ella en silencio bebe licor de menta con una aceituna negra, ensartada en un palito. Ambas cuchichean sur l´homme qui parle gaelic. "¡Voyez sa bouche!" dice la mujer del alcalde, mientras sus pechos aguileños se estremecen de emoción. "Y cómo besa" agrega la odalisca, chupando sensual la aceituna empapada en menta. Los marinos y los partidarios de la separación de Quebec, conversan de revoluciones. La mujer del alcalde de mar acota que el morral cuya correa verde atraviesa su pecho, le hace ver casi salvaje. Arabelle Violette, por primera vez, se da cuenta que el morral verde oliva contiene, ahora, un bulto paralelepipedoidal, que recuerda las dimensiones de "Los versos del capitán" de Neruda. Los marinos hablan de la ruta que han de seguir contra la corriente del San Lorenzo. Los quebecoises creen que hablan de la liberación de Quebec. El hombre que habla gaélico no sabe francés, y no habla inglés. Sólo mira a un quebecoise, que en una mesa vecina flamea una bandera con lises en fondo azul en cuatro campos formados por una cruz blanca, y piensa en gaélico, algo como: "¡Miren al idiota de la bandera!". El quebecoise de la bandera murmura, como música de fondo el himno de Quebec libre. Los hombres brindan por la libertad de hablar en lenguas, las mujeres por la libertad de amar, el hombre que habla gaélico siente nostalgia, y comienza a acompañar la música del idiota de la bandera que canta el himno, simulando una gaita con un agudo sonido nasal y melancólico, mientras golpea, rítmicamente, su cogote.

En la cala de la Santa Adelaida, solitario, soporta la espera de su corte marcial, el cófrade Satam Lúar, confiado de su inocencia. "Soy culpable de no cuidar la cultura" se dice. "Soy inocente de su pérdida, no obstante" argumenta consigo mismo. En ese mismo momento, el hombre que habla gaélico vende al "idiota de la bandera", Los versos del capitán de Neruda, y una copia apócrifa de la Antología completa de Ezra Pound en castellano, por míseros dos dolares diez centavos. La odalisca muerde la aceituna negra empapada en menta, ensoñando con la boca sensual, que besa como lobo de mar de las Orcadas, del hombre que habla gaélico. La mujer del alcalde de mar ha sido capturada por la belleza viril, y la serena mirada del almirante Dumango. Él la clava con su mirada de palo de caoba labrada.

En Samarkanda la oficina seis cero dos recibe, a las tres horas de sol de invierno, en pantalla de cuarzo y sucesión de ceros y unos y unos y unos y ceros la acusación contra el más prestigioso radioperador y locutor de la revolución Satam Lúar, acusado de alevosía y ventaja suma, para vender en momento estratégico, la cultura y el idioma castellano que lucha contra la imposición imperial.

Desde L´Havre Saint Pierre au le Quebec libre, el corresponsal de prensa de la Agencia de la Revolución para la Información, Romuald Galleguillos. Teletipo y e-mail Verlaine Ruiz.

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