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Kepa Uriberri Loco de contentoBaie Comeau en navegación curso del San Lorenzo, mil seiscientas treinta y siete, Santa Adelaida (Prensa sincera de Samarkanda). En el salón de oficiales de la mencionada carabela se ventila el juicio al cófrade radiocontrolador y locutor de la estación móvil de la embarcación, bajo acusación de sustracción malévola del material cultural de la nave. La Santa Adelaida recalada en el muelle tres ha dado descanso y recreación a la cofradía. Los marinos no citados a declarar han bajado al pueblo a divertirse, mientras en el puente la odalisca, en espera de ser llamada por la corte toma sol desnuda junto al castillo de proa. Una voz que estima melodiosa al menos, canta en gaélico, deambulando bajo la cubierta. No alcanza a distinguir qué dice. "Mientras el sol esté verde y primaveral, que importa" se dice restando importancia. En el salón de oficiales sesiona la corte, escuchando el testimonio de la bibliotecaria Medallita de Lourdes. La corte solicita establecer quienes visitaron la biblioteca antes de desaparecer los libros a su cargo. "Siempre la visitaba Satam Lúar". "Todos los testimonios lo condenan. ¿Qué sentido tiene esto?" dice la acusación. La defensa pide interrogar a la testigo. Se concede y pregunta: "¿Cómo es la iluminación de la biblioteca en alta mar?". La acusación protesta, la corte pide explicación a la defensa, la defensa explica: "Con poca luz no sólo no se ve bien quien entra y sale y con qué, sino la bibliotecaria, regularmente solitaria, estará más proclive a los amores". La acusación protesta, la defensa insiste, la corte exige: "Expláyese. No ha lugar la protesta". El defensor interroga: "Bibliotecaria Medallita; ¿está usted enamorada?". Medallita se ruboriza. La acusación protesta: "Avergüenza a la testigo", la corte deniega: "Continúe. La testigo de Lourdes responderá, con o sin vergüenza". Medallita, azorochada, se ventila el rostro con una manita regordeta, y dice con voz ligeramente ronca y suave: "Sólo en secreto". "Protesto" grita la acusación golpeando el escritorio con el ojo de palo. "Motivo" dice la corte. "A esta corte no le interesan los amores secretos de la susodicha Medallita de Lourdes, testigo de cargo". "Esta corte tiene interés en saber. ¡Denegada!. Testigo: Expláyese". La testigo se explaya en voz muy bajita, tanto que esta corresponsalía y prensa sincera no alcanza a oír el testimonio. Pido de oficio a la corte que la testigo hable más alto. La corte rechaza por no pertenecer, este corresponsal, al tribunal. Dice: "Se acepta que hable bajito, con voz pacífica y sensual latina". La testigo, según esta agencia especula, acusa al cófrade que habla gaélico de ser su secreto amor. "¿Él lo sabe?" pregunta la defensa. "Lo sabe". "¿Se aprovecha de esa circunstancia?" insiste la defensa. La testigo vuelve a ruborizarse. "Conteste" dice la corte. "Protesto" dice la acusación. "¿Se aprovecha de esa circunstancia?" repite la defensa. "Solo para acariciar mis muslos" dice la testigo. La defensa pregunta: "¿Su amado lee libros?". "Lee" responde. "Protesto" dice la acusación. "No ha lugar" dice la corte. Con habilidad, y sin afectarse por el continuo hostigamiento de las protestas con ojo de palo de la acusación, la defensa establece que el enamorado de la Medallita de Lourdes, que esta prensa sincera no logró oír el nombre, es un obsesivo lector de todo el material, que va pidiendo en préstamo, y no devuelve al vencimiento sino que pide siempre más y más prórroga. La defensa entre protestas, no ha lugares, rubores, golpes de ojo de palo y cepillito de pelo foca establece que buena parte del material ausente ha salido como préstamo y ha sido devuelto en ausencia de Medallita de Lourdes, o a través de terceros emisarios, por lo que no habría registro. En cubierta, junto al castillo de proa, Arabelle Violette, completamente desnuda tuesta sus senos al sol, cuando ve salir por la mampara de proa, con un geranio color malva en la oreja izquierda, y el morral verde oliva colgando en el hombro derecho, repleto de algo que marca en la tela una infinidad de aristas rectangulares; al hombre que habla gaélico, cantando algo en gaélico que parece querer decir, más o menos: Saltoooo Aquí detiene el canto y dice: "¡Orquesta!", y apretando su nariz con dos dedos de la mano izquierda, comienza a emitir un gemido melancólico como así: "AaAAAaAAaAAAAAAAAaAAAAaAAAAAAAA", de estilo nasal, mientras con el canto de la mano derecha se golpea el pescuezo, justo sobre la nuez, logrando un sonido como de gaita. Y sigue: Pienso remediar la situación "¡Orquesta!" otra vez, y vuelta a la gaita. La odalisca, pilucha, y sorprendida, lo quedó mirando irse por la Avenida del Mar, hacia las callecitas del puerto. Más tarde diría: "Iba saltando como un niño loco de contento. Esas fueron las cosas que me hicieron enamorarme de él". Pero ésto es motivo de otro reportaje sincero. |
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