Kepa Uriberri
La revolución en Samarkanda


El veredicto


Sala de la corte, carabela insignia de la revolución de Samarkanda, presente: En Baie Comeau, provincia del Quebec, Canadá independiente y perteneciente a la comunidad Británica de Naciones y más, intento preponderante y aquello, dase por sabido.

Comparecen dos puntos aparte:

Este escribano que todo lo que aquí se lee anota por instrucción o decisión según interés de completo relato; de nombre Leugim Zanchés.
También su señoría y corte que tiene misión y es juez según informe sacrosanto de oficina seis cero dos (es fe).

Lo mismo comparece la defensa, cófrade oficial vigía desde el nido de cuervos, que desde el centro del mar de Aral, con día neblinoso ve y divisa hasta el centro mismo de la Manchuria, estatua de Sarmiento con caca de pajarito. No hay protesta y se anota.

Por la acusación comparece bien amado caudillo, con ojo de palo que todo ve y número de cofradía cero seis raya ka sin versión ni necesario código de vencimiento ni seguridad. Como se precisa se nombra dos puntos: Reff Alferdo Joaquem Dumango Labrador y Nauta.

Absolutamente necesario, y curso legal, comparece acusado de sustracción malévola de material cultural, cófrade Satam Lúar identificado en la cofradía según número y ficha siete cuatro siete diez raya tres. Su mirada: Triste y anhelante.

Es testimonio y se acepta según se ve y es preciso, existe público, poco pero interesado. De ésto nadie repute que se condena o libera entre gallos y medianoche, sino como es sincero en nuestra revolución: Públicamente. No hay detalle (Sólo menciónese erótica presencia de odalisca, y, santo y amén bibliotecaria Medallita de Lourdes).

Su señoría la corte preside y golpea con mazo de macerar ajo (no había de madera según se requiere y es de juez): Todos de pie, ésta es corte de la revolución, y quien requiera del amparo de la justicia acérquese y será escuchado. Se repite tres veces según protocolo sincero. Baste mención y no escribirlo de ese modo. Se presenta la acusación y solicita según protocolo dos puntos aparte se dice:

Su muy estimadísima señoría y corte sincera de la revolución de Samarkanda, este almirante cero seis raya ka implora justicia según antecedentes ya provistos y testimonios en manos de su sacra señoría, a nombre de la nave insignia carabela Santa Adelaida despojada con alevosía y ventaja de material primordial en cumplimiento de misión en curso para esta circunnavegación del territorio capital del imperio, por el malévolo según se acusa Satam Lúar siete cuatro siete diez raya tres, y su mirada: Triste y anhelante.

Como se pide, dice la corte y golpea mazo de macerar ajo. Se levanta la defensa y pide permiso de la corte para solicitar justicia:

Su muy estimadísima señoría y corte sincera de la revolución de Samarkanda, este oficial vigía que puede ver la caca de pajarito en el hombro de Sarmiento, en el centro de la Manchuria, anclado en el mar de Aral en puesto de vigía de cualquier embarcación, o esta misma, de la revolución de Samarkanda, como representante del compareciente Satam Lúar ya susodicho y de mirada triste y anhelante solicita justicia y declárese inocencia según sinceros antecedentes que obran en sus blanquísimas manos, que sujetan el mazo ciego de la justicia y la ley sincera.

Como se pide, dice la corte y golpea. Su mirada acogedora pero severa cae sobre compareciente acusado. Dice según protocolo sincero dos puntos:

Acérquese el acusado. El acusado se acerca. ¿Entiende la acusación?. El acusado entiende. Desea ser representado en este solemne acto por defensor de oficio sincero aquí (y muestra con mazo de macerar ajo, como se requiere al defensor). Desea. Se procede dice la corte. Todos sentados dice el ujier. Nuestro corazón mire siempre a Samarkanda y sus preceptos sinceros dice su señoría. Amén dicen todos solo por ancestral costumbre no necesaria (Es fe).

Acusación proceda según se requiere dice la corte con mazazo de macerar ajo. La acusación se enfrenta al juicio sincero de la corte dos puntos:

Señoría, testigos, defensor, más y otros, acusado, y quien desee ser fe: El oficial de confianza y a cargo de misión Satam Lúar, cuyo id ya se precisa, se ha acusado. Pregunto: ¿Qué más necesita una corte?. No satisfecho con ésto, y a mayor gravedad, hay testimonios que hacen más ominosa la culpa. Pero, señoría, señores todos otros y demás, digo que no obstante y sin importar la culpa y su tamaño horrible, qué es más importante: ¿La culpa?, ¿La reparación?, ¿El arrepentimiento?. El hecho no es retraíble ni desandable, ni aun el tiempo se arrugare y retrocediere, lo que en modo alguno es seguro sino eventual. Entonces bien: No es tampoco el olvido o la desidia, ni amigazgos o compadrazgos. El acusado es culposo y amigo, confesó y es cófrade de la misma revolución sincera: ¿Habrá de quedar pues exento? ¿Alguien puede responder? (¿Sí? - dijo con timidez el escribano quitándose apenas los oleujepses. La severa mirada de madera de Dumango, la serena mirada con mazo de macerar ajos de su señoría, la mirada triste y anhelante del acusado, todas las otras miradas con o sin interrogación o admiración lo forzaron a ponerse nuevamente los oleujepses, y mirar su escrito, y siendo acta me refiero a mí mismo como un tercero según se requiere y precisa). ¡Jamás!; reconvino la acusación. Por el contrario, no se ahorrará severidad si es la cofradía toda, la revolución toda, el ideal todo, que él mismo sustenta y que sería distinto si no lo hiciera y pensara de diverso modo, y contrario a la sinceridad de la revolución: En ese caso se podría preguntar el acusador si es daño o sólo hay valores propios de en medio del caso. Pero este caso exige severidad.

Señoría, solo, pues nadie más puede sino vuestra Usieza sentenciar según veredicto y corte, y todos nosotros otros suplicar o pedir, proponer o disentir sinceramente. y por tanto digo que el cófrade Satam Lúar de gran y prestigiosa microfonía y programación jamás dañaría la revolución y su culpa es no soportar la mala música y confesó con o sin presión y es apreciable cófrade, solicítase entonces pena severa y justa, que sea condenado y cumpla hasta reparar lo irreparable, pero al menos hacerlo en tanto que casi así sea, de manera de recuperar la confianza de esta corte, el respeto de este almirante, el aprecio de esta acusación y más y más como se debe. O que busque la prueba verdadera de haberse acusado por presión y verdadero culpable.

Más, su altisísima Usieza, casi tanta culpa quien sustrae como quien déjase sustraer de quien le sustrae y pido culpa equiparable para testigo de nombre Medallita de Lourdes, y cófrade bibliotecaria. Es fe.

¿Ha terminado la acusación? preguntó la corte. La acusación no tiene más que agregar dijo la acusación. La corte dio con el mazo de macerar ajos un solo golpe seco sobre su mesa, y autorizó a proceder a la defensa del modo que sigue dos puntos: La defensa del acusado proceda según se requiere, de acuerdo a protocolos sinceros. La defensa procede a su alegato, que no otra cosa sino alegar se dice y ve que fue, dos puntos:

Su señoría y juez, que no olvide nunca que lo es para justicia y se ruega téngase presente primer otrosí. La corte da un mazazo de mazo de macerar ajos, y con mirada exasperada dice: La defensa se abstendrá de calificar o recordar su deber clarísimo y sincero a esta otra corte. Así sea y es fe. Sólo es necesario dice la defensa. La corte da nuevo mazazo, y dice: Primera amonestación. Bien. Procedo, dice la defensa. Este defensor, de aguda mirada, ve la aviesa intención de la acusación al hacer caso de confesión forzosa. La acusación golpea la mesa con el cepillito de pelo de foca de limpiar su sincero ojo de palo, y con este último mira alternativamente severo a la defensa, y suplicante a la corte. Dice: La defensa ofende, agrede y acusa a esta acusación sincera y por el bien de la revolución de Samarkanda. Su deber es defender al acusado, y no ofender a la corte y a la acusación. La corte golpea el mazo. Ha lugar dice. La defensa se abstendrá de calificar a otros comparecientes o no, aviesos o no, acertados o no, justos o no, que no sean el acusado a quien defiende. La defensa continúa así: Nuestro querido y admirado cófrade de id ya establecida, de nombre bien admirado por esta revolución e impecable comportamiento previo, de microfónica voz como se dijo, y ameno hablar como se establece, Satam Lúar, y aquí presente y acusado, y sólo amparado por esta defensa, viene en suplicar la indulgencia y justicia de esta corte, por cuanto se le acusa en tanto cuanto su dolor inverso, y desesperación traviesa, debido a intenso suplicio con los pies sobre la verga del trinquete, y la cabeza bajo los pies, bajo las piernas, bajo el poderoso torso, bajo el ancho cuello, con la mirada al revés, el cielo en los pies y el Atlántico océano en la mirada, fue sometido a obligada escucha a través de enorme potencia de los altavoces la voz desafinada según consta en autos, y esta corte no necesita revisar, del cófrade Jamhaz Hafin. Se establece que el nivel de castigo es superior a cualquier viril umbral tolerable, por cuanto el acusado estaba sometido a suplicio inhumano y conculcado en su derecho. ¿Se hará, acaso, esta corte parte de esa tortura?.

El defensor mira intensamente, con los ojos muy abiertos, a la corte. La corte soporta serena la mirada del defensor. Transcurren tensos segundos de duelo de miradas, hasta que el defensor pierde la prestancia, y dos lágrimas caen de sus ojos rojos, que se cierran, sólo por un instante. Entonces la corte golpea con su mazo de macerar ajos, a falta de un mazo de corte en regla y serenamente ofendido dice: Segunda amonestación, y desacato. Se le declara en rebeldía, y antipático. Proceda.

Las verdades duelen, en la calle, el océano, o en la corte; dice el defensor. La corte eleva su voz serena y dice: Su actitud perjudica no sólo su propia carrera como defensor, sino y es peor, a su defendido, que se verá afectado por su antipatía con esta corte. Toda defensa sincera ha de ser justa y deseada por quien en justicia decide. Todo reclamo agresivo por justicia obtendrá solo fracción de ella, o nada. Toda justicia se administra según empatías y leyes, según sinceridad y afecto. No existe justicia rigurosa y racional, la justicia está llena de emoción sincera, y esta defensa resta justicia posible, lo que es punible en la defensa, y por desgracia castiga la llegada a la recta justicia del acusado. ¿Lo comprende esa defensa?. El defensor recupera el desafío de su mirada, como si estuviera penetrando la niebla de la Manchuria, como si estuviera azotando con su vista el hombro de bronce de Sarmiento, con caca de pajarito, y la lanza sobre el rostro mismo de la corte, y replica: ¡Nunca!, ¡Jamás!, Nunca claudicaré en la defensa de la verdad y la justicia recta. Esa defensa, replica la corte, no defiende aquí a lo menos, la verdad y la justicia. Aquí es su deber defender al acusado Satam Lúar. La verdad y la justicia se defienden en los foros por la verdad y la justicia, en las manifestaciones por la verdad y la justicia, en los mitines por la verdad y la justicia, en la sobremesa por la verdad y la justicia, en los cafetines por la verdad y la justicia, y en la bohemia por la verdad y la justicia, o en el arte por la verdad y la justicia, pero no a riesgo de un acusado. Se le declara, por tanto doblemente rebelde y amonestado. Se recomienda e interroga a ese acusado defendido por esa defensa rebelde y amonestada, cambiar de defensa: ¿Desea el acusado cambiar de defensa?.

¡Protesto! dijo la defensa. No estoy bien seguro dijo el acusado. No ha lugar dijo la corte. Se informará a la oficina seis cero dos dijo la defensa. Es su derecho dijo la corte. No estoy seguro dijo el acusado. Al menos sería bueno, dijo la corte. Bueno, dijo el acusado. Proceda dijo la corte. No sé dijo el acusado, mejor no; agregó después. Bien dijo la corte. La defensa procederá con cautela.

La defensa parlamentó con el acusado, miró el suelo, después miró el cielo a través de la tronera con geranios rojos, luego las gaviotas de río con su plumaje ácido, y por fin una nubecilla efímera que se deshilvanaba persiguiendo un sol oculto, y se dijo: "Todo es mierda de perro" (creo que se lo dijo, o yo me lo hubiera dicho en esa instancia, pues es fe que no lo pronunció en voz alta, al menos, y es acta). Por último su vista, cayendo al suelo se reflejó en su voz que dijo: Creo firmemente en la inocencia del acusado, creo firmemente que confesó para no oír a Jamhaz Hafin, creo en la justicia en ésta y en cualquier corte, por lo que me atengo al juicio de ésta, que liberará a este inocente por falta de mérito y así se solicita. Es fe. Y así quedó anotado.

La corte golpeó con el mazo de macerar ajos y dijo: ¿Alguien más desea justicia de esta corte? Que se ponga de pie y se acerque. Nadie lo hizo. Nuevo golpe de mazo de macerar ajos. Se dictará sentencia en este caso dos puntos como sigue:

El acusado escuchará de pie. El acusado se pone de pie. Comparecerá, en calidad de cómplice la bibliotecaria cófrade Medallita de Lourdes. El ujier llama a la cófrade. La cófrade no está presente, habíase retirado por aburrimiento u otro motivo, se le envía a buscar a la biblioteca. Demora mucho tiempo. Cuando comparece la corte interroga la razón de la demora. La compareciente en calidad de cómplice se ruboriza y dice: Atendía al cófrade que habla gaélico. La corte dice: Que quede anotado. Digo: Se anota y anoto que así era. La corte continúa su veredicto:

Esta corte, habiendo escuchado a quienes tuvieron algo que decir en el caso del robo de material cultural y revolucionario de la nave insignia Santa Adelaida de tipo carabela, sentencia: El acusado es culpable del delito imputado. La cófrade nominada en este acto como cómplice, y de nombre para los efectos de este juicio Medallita de Lourdes, es culpable de complicidad perniciosa, el defensor del culpable es rebelde y queda doblemente amonestado. El culpable y su colaboradora cómplice son condenados según magnánima sugerencia de la acusación a reparar el daño, hasta proveer a la susodicha carabela nave insignia de igual o nuevo y equivalente material que el sustraído, condena que comienza desde este momento mismo y en cada puerto o lugar en que esta insigne nave Santa Adelaida de la revolución de Samarkanda recale. Y que no se repita, concluyó la corte y dio un mazazo con el mazo de macerar ajos, en la mesa de la corte, tan violento, y gozoso, que el susodicho mazo se partió en dos. Entonces dijo dos puntos como sigue: Menos mal que el juicio había concluido. Es fe.

Satisfecho de mi trabajo me quito los espejuelos y los oleujepses, y los dejo sobre el acta. En ese instante entra a la sala de la corte, ya devenida sala de oficiales, el cófrade guardián de proa, gritando: "¡Almirante, almirante se la robaron!". "Qué se robaron por la gran cresta del dios Neptuno" dijo el almirante. "La Santa Adelaida. Se la robaron". "Imposible" responde el almirante, sacando brillo en la solapa a su ojo de palo. "Estamos todos a bordo". "No capitán" dice el cófrade guardián: "Se robaron el mascarón de proa con la imagen de nuestra Santa Adelaida, de morenos pechos y verde mirada, de cabellera desordenada a sotavento, y generosas caderas desnudas".

Todos salieron corriendo a la cubierta de proa a verificar el robo. Al salir, vieron, por la avenida del mar, corriendo a pequeños saltitos, y cargando su verde morral, que alguna carga irregular llevaba, al hombre que hablaba gaélico. Iba tocando la gaita que llevaba de imitación en su nariz y cogote, interpretando viejas canciones folklóricas de su tierra, que ya nadie, salvo él mismo, conocía. Aseguran que la odalisca alcanzó a ver que llevaba un geranio amarillo en la oreja izquierda.

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