Kepa Uriberri
Relatos
Estaba narrando la historia, mientras la creaba, pero entonces apareció Lilú mi amante, y me cambió el relato. Me dijo: Tú eras el mejor, el señalado, por eso te hicieron creer que tu oferta no era grata al gran padre universal. Él preferiría a tu hermano Alterion. "Lucha contra él". Creí en ella: Vi que era bueno, y así lo hice.
Alterion era hijo de Lilú, él era mi hermano. Pero no me importó. De ella se dice que era perversa, y que había sido antes la amante de mi padre. Lilú había engañado a mi madre, y la había hecho incurrir en esa horrible falta, que la hizo padecer de mal aliento, engordar, y tener la pelvis baja. Por ello mi padre llegó a odiarla. "Tú puedes comer todo lo dulce y placentero. Nunca hagas algo después que tu amante te lo ordene: Actúa antes. Es tu destino" le dijo Lilú a mi madre. Mi madre no sabía desobedecer, pero Lilú sí. Ella había sido formada, como mi propio padre, por el barro moho de la tierra virgen. Yo mismo era hijo de Ivaé. Ivaé era hija a su vez de mi propio padre, pero de su amor solitario, no de Lilú, por eso Lilú la quería mal, ya que había sido repudiada cuando mi padre, en sus sueños creó a Ivaé.
Por aquel tiempo, yo aún no tenía la marca. Aún creía que mi oferta sería grata al Origen de las cosas. Pero Lilú se había hecho mi amante, y me dijo que mi padre Ademit amaba más a Alterion porque era hijo de su condición hermafrodita. Mi padre no hablaba a mi hermano, pero él estaba siempre alegre y aceptaba que mi padre me diera preferencias, pero Lilú me dijo que eso era sólo en las palabras, que en su corazón, en silencio, él también como el gran padre universal, amaba a Alterion. Tal vez ella quería someter la voluntad de mi padre a través mío, pero no lo supe. Entonces entendí que existía la justicia y que era buena.
Cuando nos amábamos con Lilú, ella me daba de beber de la miel de sus pechos verdes, y me cubría con su cabellera oscura y brillante. Sus ojos amarillos penetraban en los míos, y mi deseo penetraba en ella, entonces cantaba en mi oído, y su vello púbico crecía hasta cubrir sus rodillas, y sus ojos se hacían azules como una luna de oro. A veces su canto convertía en cristal el follaje de los árboles, y los frutos de la tierra parecían de metal bruñido. Entonces ella se apartaba y me decía: "Estos frutos de tierra madre femenina, son para el padre universal", y me hacía ofrecerlos en el fuego sagrado. Lilú decía que su aroma, al quemarse era grato al padre, pero yo sentía que era fétido, como el olor de su boca, sin embargo le creí.
Alterion no cosechaba frutos de los árboles y la tierra. Por el contrario, el ofrecía estos frutos fétidos y podridos, a los animalitos que el Origen había puesto para alegrar nuestros juegos. Cuando los animales aceptaban los frutos, Alterion los capturaba, y enterraba sus entrañas pútridas, luego quemaba en el lugar de la ofrenda el resto, para que dieran aroma agradable y el gran padre universal le daba privilegios, mientras rechazaba mis ofrendas.
Alterion era feliz con cosas simples que yo no entendía. El se casó con mi hermana Silohe, y tenían muchos hijos e hijas. Una de ellas desposó a mi padre, y desde entonces él le sonreía, y lo sentaba a su lado, y comían carne de animal. Lilú estaba celosa de ese comportamiento. Ella quería someter la voluntad de mi padre como sometía la mía. Yo no me podía liberar, pues la lechemiel de sus pechos, y su mirada azul me sujetaban. El vello de su vientre y su pecho, cuando nos amábamos me ataba a su lado.
Yo lo tenía todo: Jolgorio, frutos de la tierra, y el zumo fermentado de las vides. El humo cautivante de las hierbas y la libertad. Solo estaba atado a Lilú, y todo ello era bueno. Sólo había, en el centro de mi pecho una vaga molestia que no me abandonaba mas que cuando el largo cabello de Lilú me acunaba, y sus ojos se hacían luminosos, y me dejaba beber de sus pechos la miel tibia. Alterion siempre sonreía.
Alterion comía, por aquel tiempo, en casa de mi padre, se sentaba a su diestra. Cuando yo iba a casa de mi padre, la vaga molestia en el pecho se hacía dolorosa, y sentía rencor de él y de Alterion. Alterion tenía una expresión plácida, y bebía zumo de la fruta del jardín de mi padre, y comía carne de animal que cazaba con los frutos de la tierra. Yo sólo comía los vegetales de aroma desagradable, permitidos por el gran padre universal. También hacía sacrificios de abstinencia, y oraba antes de comer. Ellos sólo sonreían y comían. "Él está siempre con nosotros. Estas carnes dieron aroma que a Él le es agradable" decían. Y estaba bien.
Entonces yo cacé un animalillo, y lo quemé para que diera aroma agradable al padre universal, y comí luego su carne, excepto sus entrañas que enterré junto al árbol que daba los frutos que Lilú recogía. Yo mismo encontré que el sabor era bueno, y el aroma era bueno, y el sabor del zumo fermentado de las vides sabía mejor, pero Lilú dijo que me había emborrachado y me negó sus favores. Entonces quise buscar a una de mis hermanas, pero sus pechos no tenían miel tibia, y sus ojos no iluminaban mi cara, y sus cabellos no eran oscuros, y no cantaban en mi oído, sino gemían atrozmente, y su cuerpo no onbdulaba como el de Lilú, y su vello púbico no se ponía del color del oro, ni sus ojos ardían como zafiros, ni su largo cabello me acunaba, y me abrigaba, y sólo sentí frío. Pero ella dijo que era bueno.
Alterion supo que una de sus hermanas, y mía, me había prodigado sus favores, entonces tuvo celos, y la ató a un árbol por las manos, y a un animal de tiro por los pies, y luego azotó a mi hermana hasta que sus carnes verdes sangraron un líquido amarillo, entonces azotó a la bestia de tiro hasta que los huesos de mi hermana se descoyuntaron. Luego la cubrió. Después mató al animal y lo ofreció como sacrificio de aroma agradable al gran padre universal. Lo mismo hizo con mi hermana, y mi padre lo sentó en su mesa a su diestra, y le dijo que había hecho bien. Lilú rió.
Discutí por esto con Alterion, pero él se rió de mi, y dijo que tenía la bendición de mi padre. En aquel tiempo tuve necesidad de Lilú, pero ella se negó: "Hueles a carne y flores podridas" dijo. Sentí que no era justo, pues yo soportaba sus aromas a vegetales hervidos. Entonces busqué a Ivaé, y la amancebé durante cuarenta noches. Una noche en que la luna era negra, Lilú me deseaba y salió a buscarme, pero yo estaba con Ivaé. Ella ya estaba preñada. Lilú juró desquitarse, y persiguió a Ivaé, y cuando esta parió a Inoch, mi hijo, Lilú se lo arrebató, y lo alimentó con la lechemiel de sus pechos olorosos.
Ivaé volvió a la casa de mi padre, que ya era anciano, y le dijo que rescatara a su hijo. Alterion se escandalizó y dijo que mi padre no podía haberla preñado, y que por tanto no podía tener un hijo. Ivaé contó la verdad y Alterion quiso hacer lo mismo que con nuestra hermana, pero mi padre se lo prohibió: "Ella es carne de mi carne y huesos de mis huesos. Su sangre es la mía" le dijo. Entonces Alterion volcó su furia en mi, y salió a buscarme.
Lilú me encontró primero, y me dijo: "Este niño es tu hijo, Alterion viene a quitártelo" y lo arrojó a mis pies. Luego me arrojó también la quijada del animal de tiro que había destrozado a mi hermana, y dijo: "¿Dejarás que dañen a tu hijo?". Alterion ofreció al Origen un sacrificio de aroma agradable, y luego vino a buscarme, bendito por Él. Cuando llegó a mi tienda dijo: "Vengo en busca de mi hermano, para llevarlo con su madre". Yo dije: "Éste es mi hijo, y mi heredero. El fue alimentado con miel tibia de los pechos verdes de mi mujer". Alterion me provocó, y dijo que contaba con el favor del gran padre universal, que había recibido su sacrificio de aroma agradable, y de nuestro propio padre. Alegó que Ivaé era carne de la carne de nuestro padre, y entonces ese hijo era de la propia sangre y de los mismos huesos de nuestro padre, y por lo tanto era su hijo, y le pertenecía. Yo sólo dije: "Éste es mi hijo, y mi heredero. El fue alimentado con miel tibia de los pechos verdes de Lilú". Lilú me dijo: "¡Mátalo!", entonces Alterion sacó el cuchillo de sacrificar a las bestias y me atacó. Yo cogí la quijada del suelo, a la vez que el alfanje de mi hermano me marcaba profundamente la mejilla.
Después de partirle la cabeza; con su propio alfanje, le saqué las entrañas que enterré bajo el árbol del saber sincero, y corté sus miembros, y con su cuerpo quemé un sacrificio de aroma agradable al gran padre universal. Luego alimenté a Lilú, a Inoch, y yo mismo, con la carne de los miembros de Alterion. Con los huesos de sus brazos hicimos instrumentos de percusión, y con los de sus piernas hicimos pitos, y cantamos himnos, e hicimos música para alabar al dios universal Iacveh que no tiene nombre, y al dios Bahal su antítesis.
Mi padre escuchó nuestras ceremonias, y vino a mi. "¿Qué has hecho de tu hermano?" me preguntó, y en sus ojos había rencor. "¿Debo yo, acaso guardar la vida de mi hermano?". Él me respondió: "Al menos sería necesario". "¿Aún cuando él quiere robar lo mío?" dije yo, y agregué: "¿Aún si él me ha quitado el amor de mi padre?". "Al menos sería necesario" dijo el anciano. Yo aún insistí: "¿Aún cuando me haya quitado el favor del gran padre universal?". "Al menos sería necesario" insistió él. Entonces, llorando le dije: "¿Aún cuando haya asesinado a mi hermana, a quien había convertido en mi amante?". Con gesto severo dijo: "Al menos sería necesario".
Aún cuando supliqué su perdón, el me expulsó de Edehim, no sin antes darme su bendición, y atarme una señal en el tobillo. Me dijo: "Quien quiera que te encuentre a partir del tercer día desde hoy, al ver esa señal, sabrá que estás maldito, y que no debe hablarte, ni mirarte a los ojos. Lleva este, el alfanje de tu hermano, para que, cuando tu castigo sea al menos demasiado amargo, te quites la vida: Nadie más lo hará".
Desde entonces, he vivido setecientas veces, setenta veces siete años, y he escrito otras tantas veces de la misma cantidad de formas diferentes, este mismo relato.
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