Kepa Uriberri
Lo que dijo Rubirosa

Sin Fin

"Estoy aquí, bajo el castaño" dijo la voz que se oía cansada. Se podía escuchar, a través del fono, otras muchas voces y la algarabía de los pájaros. "Sólo faltas tú, a pesar de todo" agregó. Muchas veces nos habíamos reunido ahí, en ese restorán, los viernes en la mesa de la vereda bajo ese árbol, en la esquina de la sombra. Siempre se nos iba reuniendo gente conocida que pasaba por casualidad. Incluso a veces, cuando ya no había espacio en nuestra mesa, se iban ubicando en las contiguas a escuchar nuestra conversación y a participar, hasta que a veces llegaba a juntarse tanta gente que quedaba en los restoranes vecinos y hasta una o más cuadras de distancia, pero eso era antes. Ahora sólo se habían reunido los de siempre.

Cuando llegué, finalmente, al lugar Rubirosa había comenzado a hablar sobre el porqué de su estilo diferente y la razón por la que había sido olvidado completamente. Tal como Maladroit, que estuvo presente e intentó detener al impertinente que quiso interrogar a Rubirosa, relató mucho después en sus memorias, cuando Rubirosa hablaba cautivaba a su audiencia de tal manera que siempre se producían multitudes de escuchas cuando lo hacía. Esta vez no fue en modo alguno una excepción. También Maladroit, así como yo mismo me di cuenta a poco oírlo que, talvez inconscientemente, Rubirosa hacía un recuento de su vida, una confesión de sus errores, y dejaba un último legado a quienes fuimos sus amigos y también, en un esfuerzo de grandeza que nadie le reconoció, a quienes él llegó a considerar sus enemigos. Con tristeza profunda creo ser uno de ellos.

Como sea; fue desarrollando este relato, que va culminando, donde todos sus cercanos nos vimos reflejados en su extraña mirada que casi nunca coincidía con la propia, tal vez por ser nosotros de antes del cuarenta y ocho o de después del cincuenta y cuatro, aunque de todos modos hubo momentos que desconocemos y tampoco quiso relatar como su extrañamiento en Putre y otros que tuvieron que ver con las consecuencias de esa condena.

Por ese tiempo se había dictado la sentencia de primera instancia del juicio sobre el asesinato de Olvido en la que lo declaraban culpable del crimen con uso de fuerza, con ventaja y alevosía cruel, por lo que se lo condenaba a prisión perpetua efectiva. A la vez se lo había declarado cómplice de la muerte del coronel Sepúlveda y autor intelectual. Por este delito lo habían condenado a veinte años de prisión y a pagar una indemnización a los familiares que superaba con mucho las posibilidades de un hombre que visiblemente vivía en una situación precaria, y una reparación al ejército por el daño causado que aún era superior. Sólo la multa a beneficio fiscal era capaz de arruinar a Rubirosa. La defensa, sin embargo, había presentado un recurso de casación en la forma, en tanto cuanto el juez no había considerado todos los argumentos y pruebas de la defensa, además de dilatar o, sencillamente, ignorar casi todas las diligencias solicitadas por ésta; y otro en el fondo que solicitaba la nulidad del juicio desde el momento que el juez había mostrado manifiesta animadversión hacia el acusado no sólo en lo que se refería a la causa, sino también de antiguo era adversario de sus ideas y demostraba sesgo evidente en cuanto a su pensamiento, que juzgaba irremisiblemente partidario de toda violencia. Por estos y otros argumentos de larga enumeración, se solicitaba a la ilustrísima corte que se considerara nulo el juicio y su sentencia, y solicitaba uno nuevo que diera garantía de imparcialidad. Solicitaba también, se declarara tendenciosa la orden de detención emanada del tribunal por orden de la magistrado subrogante América Revolución Ezkarapov Elorza, debido a que su subrogación habría sido sólo una maniobra del titular para ocultar sus prejuicios.

Después de años de dilación la ilustrísima corte ya no tenía antecedentes frescos del proceso ni de lo obrado en él, así como de lo sucedido en los hechos juzgados, por lo que de acuerdo al mérito de lo solicitado debió estudiar a fondo los treinta y seis tomos de más de cuatro mil fojas cada uno, a fin de tener una idea clara del proceso. Tan sólo el estudio de la sala relativo a dichos antecedentes tomó siete largos años y la redacción de la decisión de la corte y el correspondiente voto de minoría requirió otros tres. Finalmente se declaró nulo el juicio y tendenciosa la detención. El procedimiento en base al cual se había obtenido la declaración del inculpado, por su parte, fue considerado censurable y suficiente para determinar la nulidad además de muchos vicios procesales que se estimó voluntarios. Al juez de la causa se le abrió un cuaderno de remoción y se fijó nueva fecha para un juicio en el cual cualquier antecedente previo era considerado inexistente.

"De manera alguna es justa la decisión, aún cuando se ajuste a la letra y al espíritu de la ley" concluyó Rubirosa. La justicia es apenas un procedimiento que se basa en la ley. Ésta tiene las preferencias e inclinaciones que reconocen la clase del acusado y la preferencia social aseguró. "A este hombre inocente lo juzgó ya la sociedad en un acuerdo público que resultó ser una condena perpetua. Un nuevo juicio sólo prolonga y hace intolerable la pena" aseguró. Ese amigo que se encontraba a su diestra le sacudió los hombros para limpiarle la caca de pajarito, entonces, Rubirosa, mirándolo a los ojos le dijo: "Todos arrastran culpas que nadie conoce" y lo apartó sin violencia, luego continuó diciendo que el no negaba las propias. No me parece que esta frase que muchos consideraron una confesión fuera un reconocimiento del crimen de Olvido. No obstante lo cual había muchos que sólo esperaban que fuera culpable. Hubo algunas que incluso habían festejado el crimen cuando fue descubierto y le habían escrito diciendo que al fin hacía algo que valiera la pena al asesinar a la viuda del torturador. Nunca fue claro si quienes opinaron así lo hacían con alguna motivación política, o tenían prejuicios literarios sobre Rubirosa y su obra. El mismo defendió esta segunda opción, considerando que la otra significaría un insulto. Fue en aquel momento que levantó su copa e hizo ese brindis que muchos interpretaron como una despedida definitiva: "Hasta más verte" dijo y se levantó, produciendo un silencio sobrecogedor que llegó hasta la misma ribera del río. Entonces fue que se levantó aquel hombre que lo miró desafiante y lo enfrentó así: "Rubirosa, di: ¿Tú, para quién escribes? y ¿Por qué lo hiciste?". Rubirosa sólo lo abrazó, y luego mirando la íntima rabia escondida en el fondo de los ojos de ese hombre, que lo culpaba y no lo comprendería nunca, le dijo: "¿Aun no lo entiendes?. Sólo escribo para mi. De ese modo serán muchos quienes quieran leerme, aun cuando no digan nada". Y se alejó de ahí.

Ésto fue lo que él mismo nos refirió. Jamás confesó en ese relato ningún crimen y casi no creo que haya cometido ninguno. No tengo otra cosa que declarar, señor juez.

Comentarios Volver